jueves, 5 de enero de 2017

Noche de Reyes en 1982


Recuerdo perfectamente las noches de Reyes cuando era niña. 
Mis hermanas y yo sin poder dormir, hablando bajito, nerviosas.... y dormirnos a las tantas, rendidas mientras oíamos a mis padres en el salón charlar, brindar y reír con nuestros vecinos. 
Y despertarnos cuando aún no había amanecido, y salir las tres descalzas, casi de la mano, asomarnos con precaución para comprobar que los Reyes habían llegado, habían dejado lo que fuera y lo más importante, que ya no estuvieran allí. 

Y maravillarnos por los paquetes sin abrir, y un billete de mil pesetas debajo del Niño Jesús en el Belén.... 
Madre mía, qué emociones me acaban de asaltar.

La imagen puede contener: comida e interior

Y tú ¿cómo recuerdas tus noches de Reyes?

martes, 13 de diciembre de 2016

Declaración de intenciones

DECLARACIÓN DE INTENCIONES


El día que me muera, querré ser recordada como aquella mujer a la que querías, con la que te gustaba reír, esa que lloraba escuchando flamenco. La que tenía una sonrisa en los labios, que rabiaba por la injusticia, que se deshacía en halagos a sus amigos.

El día que me muera, me gustaría que alguien dijera: Fue una buena persona, aunque nunca me llamara. Supo sacar lo mejor de mí, siempre me hizo reír, me gustaba su manera de caminar. Era bella aun sin maquillaje. Y vaya pelos, siempre con coleta, ya le vale.

El día que me muera, quiero que saquéis vuestras mejores galas, ese pañuelo con brillos, los pendientes largos, los tacones, las faldas de volantes. Que os peinéis, que os pintéis, que no os pongáis corbata. Que celebréis haberos conocido.

El día que me muera alguien le tendrá que decir a mis hijos que no solo era una madre, sino una soñadora, una rebelde, una ingenua, una bendita, una borde, una compañera, un proyecto de escritora, una ventana al mundo, una deslenguada, una flamenca, una amiga, una tarada, una hermana, una feminista, una lectora, una valiente, una mujer.

El día que me muera está aún lejos, lejísimos.


Pero hasta entonces, por favor, no dejéis de saber que sigo siendo un proyecto de madre, una bendita borde, una compañera de rebeldías, una hermana tarada, una flamenca ingenua, una lectora escritora, una deslenguada valiente, una ventana al mundo.

Resultado de imagen de ceci n'est pas une pipe significado



jueves, 13 de febrero de 2014

Necesito decirte...

Necesito decirte muchas cosas. 
Todas las que me he guardado por pudor o por vergüenza.  
Todas las que he pensaba cada vez que te veía llegar al cole. 
Con tu sonrisa ancha y tu pelo revuelto. Tan rizado y tan loco. 
O con el pantalón corto. 
Cuando me decías, preocupada, que mi hija era trapecista... 
Cuando leía tus notas Hola, ¿cómo estás, qué tal el trabajo nuevo? 
Cuando ella me hablaba de ti y de tus cosas. 
Cuando veía a mi pequeña feliz en su clase. 
Cuando me dijiste que te gustaba ese vestido de colores...

La última vez que nos vimos hacía fresco. Era temprano. No pude hablar mucho porque se iba mi autobús. Ya nos veremos, pensé. 

Pero no nos hemos visto. No me despedí de ti por la pueril creencia de que la vida siempre te da una segunda oportunidad. 

Por ti he aprendido que las cosas hay que hacerlas y decirlas cuando te lo pide el corazón y no la cabeza. 

Que la gente que vive con pasión es capaz de traspasar lo convencional y arriesgarse a ser querida y respetada por los que se cruzan en su camino.

Aprendo también a admirar la valentía y la serenidad de una mujer joven a pesar de las noticias que nos llegan con cuentagotas a golpe de diagnóstico.

Y me descubres desde hace cinco meses la paciencia y la generosidad que nos has regalado y nos sigues regalando. 

Y me hace sentir cerca de las personas con las que hemos compartido cientos de corazones verdes cada día a las 12 de la mañana.

Por tu culpa estoy aprendiendo a quererme un poco mejor. Pronto tal vez un poco más. Y no me avergüenza decir que me he sentido muy cobarde con todo esto.

Hasta hoy. 

Hoy es tu cumpleaños. Hoy, que hemos tenido emociones de subida y bajada. Hoy, expectantes y sensibles. 

Hoy he decidido que no quiero dejar de despedirme de ti.

Quiero decirte que te admiro. Que te quiero. Que te acompaño. Que rezo por ti cada día. Que cierro los ojos y te veo. Que quiero tocar tus manos. Que quiero volver a ver tu sonrisa. 

Aunque tú no me veas.






jueves, 6 de febrero de 2014

Me sirve no me sirve


La esperanza tan dulce
tan pulida tan triste

la promesa tan leve

no me sirve


no me sirve tan mansa
la esperanza



la rabia tan sumisa
tan débil tan humilde
el furor tan prudente
no me sirve



no me sirve tan sabia
tanta rabia



el grito tan exacto
si el tiempo lo permite
alarido tan pulcro
no me sirve



no me sirve tan bueno
tanto trueno



el coraje tan dócil
la bravura tan chirle
la intrepidez tan lenta
no me sirve



no me sirve tan fría
la osadía



sí me sirve la vida
que es vida hasta morirse
el corazón alerta
sí me sirve



me sirve cuando avanza
la confianza



me sirve tu mirada
que es generosa y firme
y tu silencio franco
sí me sirve



me sirve la medida
de tu vida



me sirve tu futuro
que es un presente libre
y tu lucha de siempre
sí me sirve



me sirve tu batalla
sin medalla



me sirve la modestia
de tu orgullo posible
y tu mano segura
sí me sirve



me sirve tu sendero
compañero.

M. Benedetti



A mí, de momento, me sirve. Ya veremos mañana

martes, 4 de febrero de 2014

¿Para qué sirve la utopía?

¿PARA QUÉ SIRVE LA UTOPÍA?

Ella está en el horizonte.
Me acerco dos pasos,
ella se aleja dos pasos.
Camino diez pasos y el horizonte
se corre diez pasos más para allá.

Por mucho que camine,
nunca la alcanzaré.
¿Para qué sirve la Utopía?
Para eso sirve: Para caminar.

                                                  Fernando Birri



domingo, 5 de mayo de 2013

Madres


 

Hoy, que es el día de las madres, quiero escribir sobre esas madres de las que nadie se acuerda. Madres que recorren kilómetros para dar un vaso de agua a sus hijos, que espantan las moscas y el hambre a base de persistencia y lágrimas. Esas madres no cuestionan su belleza ni su valía, simplemente hacen lo que deben hacer, portando a sus bebés mientras aran las tierras áridas con la esperanza de obtener algún día, no sé sabe bien cuándo, un plato con el que regalar un poco de consuelo.


También hay madres que se olvidaron hace tiempo de quiénes eran porque ni siquiera recuerdan cuándo nacieron. Madres que apostaron por un futuro mejor y de repente se dieron cuenta de que el futuro no existe para ellas. Esas madres bellas que esconden la fragilidad detrás de una imagen curtida por los deshaucios y el paro.


Y hay madres que luchan cada mañana contra el miedo y la angustia de saber si todo seguirá como anoche. Madres que no se acuerdan de cuándo alguien les consoló porque son ellas las que consuelan a todos. Unas madres acostumbradas a cargar con el peso de su hijo, a sonreir a pesar de la mueca, a tragar rabia y diagnósticos. Madres que se preguntan dónde quedó la ilusión y rezan porque esto nunca se acabe porque eso significará el final. Madres que prefieren besar una mano agarrotada que no besar. Madres que convencen de la belleza de una cabeza sin pelo.


Las madres, esas heroínas que no queremos ser. Porque cuando sabes que vas a ser madre, inmediatamente proyectas esperanza en el futuro y crees que serás mejor persona. Pero nadie te advierte de que dejarás de ser tú, y ahora te conviertes en otra cosa. Más generosa, a veces por obligación. Más gorda, casi siempre inevitable. Menos depilada, menos sexual, menos peinada. Más manchas inesperadas. Más tareas en la agenda, más parques, más gastos. Menos tiempo, menos amigos, ninguna fiesta. Y a pesar de que no lo cambiamos por nada, una echa de menos ser más cosas, además de madre.
Me voy. Tengo que preparar el desayuno a mis hijos.