jueves, 13 de febrero de 2014

Necesito decirte...

Necesito decirte muchas cosas. 
Todas las que me he guardado por pudor o por vergüenza.  
Todas las que he pensaba cada vez que te veía llegar al cole. 
Con tu sonrisa ancha y tu pelo revuelto. Tan rizado y tan loco. 
O con el pantalón corto. 
Cuando me decías, preocupada, que mi hija era trapecista... 
Cuando leía tus notas Hola, ¿cómo estás, qué tal el trabajo nuevo? 
Cuando ella me hablaba de ti y de tus cosas. 
Cuando veía a mi pequeña feliz en su clase. 
Cuando me dijiste que te gustaba ese vestido de colores...

La última vez que nos vimos hacía fresco. Era temprano. No pude hablar mucho porque se iba mi autobús. Ya nos veremos, pensé. 

Pero no nos hemos visto. No me despedí de ti por la pueril creencia de que la vida siempre te da una segunda oportunidad. 

Por ti he aprendido que las cosas hay que hacerlas y decirlas cuando te lo pide el corazón y no la cabeza. 

Que la gente que vive con pasión es capaz de traspasar lo convencional y arriesgarse a ser querida y respetada por los que se cruzan en su camino.

Aprendo también a admirar la valentía y la serenidad de una mujer joven a pesar de las noticias que nos llegan con cuentagotas a golpe de diagnóstico.

Y me descubres desde hace cinco meses la paciencia y la generosidad que nos has regalado y nos sigues regalando. 

Y me hace sentir cerca de las personas con las que hemos compartido cientos de corazones verdes cada día a las 12 de la mañana.

Por tu culpa estoy aprendiendo a quererme un poco mejor. Pronto tal vez un poco más. Y no me avergüenza decir que me he sentido muy cobarde con todo esto.

Hasta hoy. 

Hoy es tu cumpleaños. Hoy, que hemos tenido emociones de subida y bajada. Hoy, expectantes y sensibles. 

Hoy he decidido que no quiero dejar de despedirme de ti.

Quiero decirte que te admiro. Que te quiero. Que te acompaño. Que rezo por ti cada día. Que cierro los ojos y te veo. Que quiero tocar tus manos. Que quiero volver a ver tu sonrisa. 

Aunque tú no me veas.






jueves, 6 de febrero de 2014

Me sirve no me sirve


La esperanza tan dulce
tan pulida tan triste

la promesa tan leve

no me sirve


no me sirve tan mansa
la esperanza



la rabia tan sumisa
tan débil tan humilde
el furor tan prudente
no me sirve



no me sirve tan sabia
tanta rabia



el grito tan exacto
si el tiempo lo permite
alarido tan pulcro
no me sirve



no me sirve tan bueno
tanto trueno



el coraje tan dócil
la bravura tan chirle
la intrepidez tan lenta
no me sirve



no me sirve tan fría
la osadía



sí me sirve la vida
que es vida hasta morirse
el corazón alerta
sí me sirve



me sirve cuando avanza
la confianza



me sirve tu mirada
que es generosa y firme
y tu silencio franco
sí me sirve



me sirve la medida
de tu vida



me sirve tu futuro
que es un presente libre
y tu lucha de siempre
sí me sirve



me sirve tu batalla
sin medalla



me sirve la modestia
de tu orgullo posible
y tu mano segura
sí me sirve



me sirve tu sendero
compañero.

M. Benedetti



A mí, de momento, me sirve. Ya veremos mañana

martes, 4 de febrero de 2014

¿Para qué sirve la utopía?

¿PARA QUÉ SIRVE LA UTOPÍA?

Ella está en el horizonte.
Me acerco dos pasos,
ella se aleja dos pasos.
Camino diez pasos y el horizonte
se corre diez pasos más para allá.

Por mucho que camine,
nunca la alcanzaré.
¿Para qué sirve la Utopía?
Para eso sirve: Para caminar.

                                                  Fernando Birri