DECLARACIÓN DE INTENCIONES
El día que me muera, querré ser recordada como aquella mujer a la que querías, con la que te gustaba reír, esa que lloraba escuchando flamenco. La que tenía una sonrisa en los labios, que
rabiaba por la injusticia, que se deshacía en halagos a sus amigos.
El día que me muera, me gustaría que alguien dijera: Fue una
buena persona, aunque nunca me llamara. Supo sacar lo mejor de mí, siempre me
hizo reír, me gustaba su manera de caminar. Era bella aun sin maquillaje. Y
vaya pelos, siempre con coleta, ya le vale.
El día que me muera, quiero que saquéis vuestras mejores
galas, ese pañuelo con brillos, los pendientes largos, los tacones, las faldas
de volantes. Que os peinéis, que os pintéis, que no os pongáis corbata. Que
celebréis haberos conocido.
El día que me muera alguien le tendrá que decir a mis hijos
que no solo era una madre, sino una soñadora, una rebelde, una ingenua, una
bendita, una borde, una compañera, un proyecto de escritora, una ventana al
mundo, una deslenguada, una flamenca, una amiga, una tarada, una hermana, una
feminista, una lectora, una valiente, una mujer.
El día que me muera está aún lejos, lejísimos.
Pero hasta entonces, por favor, no dejéis de saber que sigo
siendo un proyecto de madre, una bendita borde, una compañera de rebeldías, una
hermana tarada, una flamenca ingenua, una lectora escritora, una deslenguada
valiente, una ventana al mundo.